viernes, 4 de junio de 2010

XIII

Rogué tanto que me dejaran estar con Ana que me lo permitieron. La única que salió ilesa fui yo porque iba adelante con el cinturón. Cora, con dos costillas quebradas y Juan, con el hombro luxado.
Medicada y previa charla con una psicóloga me trasladaron a la terapia en Río Cuarto.
Tengo muchas pesadillas y malos presagios.
Ana está dormida y no responde; sin embargo, le acaricié mucho las manos y le hablé de la necesidad que tenemos que despierte. Le dije que basta, que la necesitamos, que rezamos mucho por ella, que deje de estar dormida.
Empecé a desesperarme cuando noté que movilizaba sus dedos y sin darme cuenta le grité
-
dale despertate, hacé un esfuerzo, hablá Ana, hablá
.
Sentí que me ahogaba y no recuerdo más. Dicen que me desmayé y tuvieron que reanimarme.
En lo de mi abuela estuve cuatro días pero mi mamá cree que estoy mejor en casa.
Sin embargo, si respetara mi deseo, necesito acompañar a Ana cada día.
La dejan solita muchas horas, conectada y nadie le habla.
Conmigo reaccionó. Tienen que darle cariño, es mentira que no siente, es mentira que no escucha.
Los familiares se quedan con el parte médico y la visitan en esos ratitos permitidos.
Si a mí me dejaran, les volteo la puerta de la terapia y me meto sin permiso. Quiero decirle que si despierta podemos caminar juntas y contarnos nuestros secretos. Que el sábado nos esperan los chicos por la tarde a tomar mates con tortas fritas y que por la noche es el cumple de Estefa.
Le voy a comprar muchos chocolates con almendras y se los puede comer a todos porque no engordan.
Quiero decirle que la estoy esperando para que venga a estudiar a Córdoba en dos años. Además, que tenemos que compartir los sueños que construimos juntas. Vamos a ser profesionales como nos prometimos, a viajar, divertirnos y ser viejitas.
A Juan lo patearía por boludo. Me dicen que no tengo que culparlo ni guardarle rencor porque demasiado con lo que pasó. Pero se tomó todo…
La psicóloga me hace reflexionar, dice que los 4 somos responsables porque permitimos la situación.
Sin embargo, me parece que Ana y yo fuimos víctimas. En muchos momentos le pedimos que nos dejara en casa de mi abuela, pero la joda siguió hasta que terminamos patas para arriba.